ID:82 — 2/2/2014 at 6:33 PM — Hits: 9535
  • La ética objetivista sostiene que el bien humano no requiere sacrificios humanos, y no puede lograrse inmolando a unos en beneficio de otros. Sostiene que los intereses racionales de los hombres no chocan, que no hay conflicto de intereses entre hombres que no desean lo que no han ganado, que no hacen sacrificios ni los aceptan, y que tratan entre sí como comerciantes, entregando un valor por cada valor recibido.
       
       El principio de intercambio comercial es el único principio ético racional para todas las relaciones humanas, personales y sociales, privadas y públicas, espirituales y materiales. Es el principio de justicia.
       
       Un comerciante es un hombre que gana lo que obtiene, y no da ni toma lo inmerecido. No considera a los demás como a amos o esclavos, sino como a sus iguales independientes. Trata con ellos por medio de un intercambio libre, voluntario, no forzado ni compulsivo, un intercambio que beneficia a ambas partes de acuerdo con su propio juicio independiente. Un comerciante no espera que se le pague por sus pérdidas, sino únicamente por sus logros. No transfiere a otros la carga de sus fracasos y no hipoteca su vida en la esclavitud por los fracasos de los demás.
       
       [...]
       Amar es valorar. Sólo un hombre racionalmente egoísta, que posee autoestima, es capaz de amar, porque es el único que puede mantener valores firmes, consistentes, sin comprometerlos ni traicionarlos.
       El hombre que no se valora a sí mismo no puede valorar a nada ni a nadie. Sólo sobre la base del principio del egoísmo racional, sobre la base de la justicia, pueden los hombres estar preparados para convivir en una sociedad racional, libre, pacífica, próspera y benévola.
       
       ¿Obtiene el hombre algún beneficio personal por vivir en una sociedad humana?. Sí, siempre que sea una sociedad ‘humana’. Los dos grandes valores que se ganan viviendo en sociedad son el conocimiento y el comercio. El hombre es la única especie que puede transmitir y ampliar su conocimiento de generación en generación; el conocimiento que un hombre tiene potencialmente a su disposición es mayor que el que nadie pudiera comenzar a adquirir en su espacio de vida; cada hombre obtiene un beneficio incalculable de los conocimientos descubiertos por los demás.
       
       El segundo gran beneficio es la división del trabajo, que capacita al hombre para dedicar sus esfuerzos a un área de trabajo en particular y comerciar con otros que se especializan en otras áreas. Esta forma de cooperación permite a todos los que se participan de ella obtener mayor conocimiento, mayor destreza y mayores beneficios por sus esfuerzos que lo que podrían lograr si cada uno produjera lo que necesitase en una isla desierta o en una granja autosuficiente.
       
       Pero esos mismos beneficios indican, delimitan y definen qué clase de hombres pueden ser valiosos para los demás, y en qué clase de sociedad lo son: sólo hombres racionales, productivos e independientes, en una sociedad racional, productiva y libre.
       
       Los parásitos, los vagabundos, los saqueadores, los brutos y los criminales no tienen valor alguno para el ser humano; éste no puede obtener ningún beneficio por vivir en una sociedad dirigida a sustentar las necesidades, demandas y protección que ellos requieren, una sociedad que lo trata como a un animal sacrificable y que lo castiga por sus virtudes para recompensarlos a ellos por sus vicios, es decir una sociedad basada en la ‘ética’ del altruismo. No hay sociedad que pueda tener valor alguno para la vida de un hombre si el precio es la capitulación de su derecho a la vida.
       
       El principio político básico de la ética objetivista es: ningún hombre tiene el derecho de iniciar el uso de la fuerza física contra otro. Ningún hombre, grupo, sociedad o gobierno tiene el derecho de asumir el rol de un criminal e iniciar el uso de la compulsión física contra hombre alguno. Los hombres sólo tienen el derecho de recurrir a la fuerza física en represalia cuando se los ataca, y únicamente contra aquellos que inician su uso.
       
       El principio ético involucrado aquí es simple y claro: es la diferencia entre el asesinato y la autodefensa. Un atacador busca obtener un valor, la riqueza, asesinando a su víctima; la víctima no se enriquece matando al atracador. El principio es: ningún hombre tiene derecho de obtener valor alguno de otros hombres utilizando su fuerza física.
       
       El único propósito correcto, moral, de un gobierno es la protección de los derechos del hombre, y esto significa protegerlo de la violencia física, proteger su derecho a su vida, su libertad, su propiedad privada y a la prosecución de su felicidad. Sin derechos de propiedad ningún otro derecho es posible.
       
       No intentaré, en esta breve conferencia, discutir la teoría política del objetivismo. Aquellos que estén interesados la encontrarán en todos sus detalles en "La Rebelión de Atlas". Solo diré que todo sistema político está basado y se origina en una teoría ética, y que la ética objetivista es la base moral requerida por ese sistema económico político que, hoy en día, está siendo destruído en todo el mundo, precisamente por falta de una defensa y una validación moral y filosófica: el sistema norteamericano original, el capitalismo. Si perece será por haber sido abandonado, por no haber sido descubierto ni identificado; ningún otro tema ha sido jamás ocultado a través de tantas distorsiones, conceptos erróneos e inexactitudes. Hoy en día, muy pocas personas saben qué es el capitalismo, cómo funciona y cuál es su historia.
       
       Cuando digo "capitalismo", me refiero al capitalismo del laissez faire en su plenitud, puro, no controlado, n o regulado, con una clara separación entre el Estado y la economía, del mismo modo y por la misma razón que se lleva a cabo la separación del Estado y la Iglesia. Un sistema de capitalismo puro no ha existido nunca, ni siquiera en los Estados Unidos, ya que desde el comienzo hubo una serie de controles gubernamentales que lo limitaban y distorsionaban. El capitalismo no es un sistema del pasado; es el sistema del futuro, si es que la humanidad ha de tener un futuro.
       
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       **Extraído del libro "La virtud del egoísmo", de Ayn Rand.
       
    @JohnGalt_ar
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